martes, 16 de marzo de 2010

El Pasto de Lolita

Hablemos de Lola, la persona con quien estuve conversando en la hora del almuerzo, la que me lo sirvió y que mientras yo comía me relataba tantas cosas… le comencé preguntando sobre Pasto, sobre la historia, los acontecimientos, lo bueno y lo malo de esta cuidad que va creciendo con el pasar de los años, y claro está, con el paso de las personas que creen en lo nuestro y en aquellas que hacen algo para desarrollarlo; pero en esta charla que duró no mas de 30 minutos, porque ya me tenía que ir, me alcanzó a contar algo más importante que el pasar de tiempo en nuestra cuidad, me hizo saber como ha sido su vida en los últimos 93 años, desde que nació hasta esta tarde en que estuvimos charlando.

Lola, o como todos le dicen Lolita, nació el 6 de marzo de 1918, de una familia de cuatro hermanos donde ella ocupaba el penúltimo lugar en edad, ha vivido siempre en Pasto, primero en la carrera 27 entre 16 con 17, donde pasó su niñez y donde compartió con sus padres y hermanos.

Estudió en las Betlehemitas hasta séptimo, ya que no habían más grados en ese tiempo, en su paso por el colegio vivió varias cosas, como la llegada del primer avión en el año de 1925 a la cuidad, un avión italiano que aterrizó justo detrás de la iglesia de San Andrés, me cuenta que el aviador era un hombre de apellido Ferrari y que él solo traía la bandera italiana en sus pertenencias.

Otro acontecimiento fue la muerte de Julián Bucheli, primer gobernador del departamento, me contaba que el cuerpo del gobernador era llevado por las principales calles de la cuidad y que después de esto era metido por la calle 19 para después ser enterrado.

Ya en su juventud, siendo mas precisos, a sus 20 años conoce un hombre, Juan Evangelista, que sería su amor de por vida, su esposo y acompañante en las buenas y malas. Fue amor a primera vista, o como dicen sus hijas “quedó flechada”. Preguntándole por el, que como era, ella solo me dijo “ah era muy simpático”; tanto lo fue que a los 4 meses de haberse conocido, en noviembre ya se habían casado.

Con un matrimonio feliz, tuvieron diez hijos, cuatro hombres y seis mujeres, compraron una casa en el centro de la cuidad, en la calle angosta, después de haber vivido un tiempo en el barrio Obrero. En la calle angosta hasta hoy reside con tres de sus hijas y donde también cada domingo, como en los viejos tiempos, la casa vuelve a ser un lugar de juegos y risas de sus nietos.

Para esta ardua labor, la de sostener una familia de doce personas, su esposo Evangelista fue conductor de camiones, trabajó en Bavaria transportando malta hacia la cuidad de Cali, y en algunos camiones propios hasta que un infarto lo dejó incapacitado para eso, con lo que debió conseguir un taxi. Siguió con su trabajo y para sostener a su familia y llevar el pan de cada día a la casa; Lolita, ama de casa, atendía a sus hijos y mantenía el hogar con sus ricas comidas.

Me contó que antes al volcán Galeras no se le tenía miedo, que todos lo salían a ver desde Aranda y que su tío fue el primero en traer carro a Pasto y que también fue la primera persona que trajo la planta eléctrica a la cuidad.

Los domingos era día de plaza, todos los habitantes se reunían después de la misa en la plaza de Nariño donde había un kiosco el cual se usaba para presentación de grupos de música. Lolita y Juan Evangelista iban con sus hijos a pasar la tarde allá, aunque algunos fines de semana se iban para Aranda a pasear con toda la familia en un terreno que es de ellos.

Así pasó su vida, estando con sus seres queridos, viajó para Estados Unidos a pasear con sus hijos, vivió cada momento con su esposo, con el que estuvo 69 años a su lado y que se fue en marzo del año pasado. Se fue y la acompaña desde el cielo y su corazón, porque por mas distantes que se encuentren nada los separa ni siquiera la muerte rompe lazos tan fuertes y tan bien construidos por esta mujer.

Esta es la historia, o bueno un poco, de Lolita, una persona hermosa, bondadosa, cariñosa, que no se deja vencer por los problemas, una mujer entregada a Dios y a su familia, una fuente de conocimiento y enseñanzas que no se cansa de vivir y de compartir sus vivencias, alguien que admiro yo y muchas otras personas más, alguien que a sus 93 años sigue de pie, y que ojala nunca deje de ser esa unión entre los demás… esta es la historia de mi abuelita.

martes, 2 de marzo de 2010

EL HOMBRE DETRÁS DEL GATO

Hace unos días, llegando de la universidad, me paré en una esquina del barrio justo antes de llegar a mi casa viendo al “gato”, muy golpeado, con la cara vuelta nada, con botella de trago en mano, era eso o una botella de boxer, y abrazando a quien se le pasara alado; sentí esa sensación de malestar, cabe aclarar que no me cae mal ni pienso que es una mala persona, pero no pensé que me lo iba a encontrar de nuevo ya que los encuentros con él son algo que uno quiere evitar, puedes terminar en una charla que te tomará un buen tiempo o en algunos casos con un golpe si es que no te reconoce, por eso esperé un rato a que se distrajera y pase muy rápido para que no me viera.

Luego, precisamente el fin de semana pude darme cuenta que los días de encontrárselo habían vuelto y que tratar de evitarlo no haría una gran diferencia, pero fue en ese momento en que pensé que sería bueno averiguar algunas cosas de su vida en vez de estar divagando en lo poco que sabía y tratar de entender que lo había llevado al mundo del trago y las drogas.

El “gato”, dejando su identidad en el anonimato, conocido así por todos en el barrio, es un tipo de 32 años que pasó su infancia y adolescencia en San Miguel, su familia, la familia Sánchez, sigue viviendo en la misma casa pero él no; sinceramente sé que está vivo por estos encuentros inevitables. Vivía con sus dos hermanas y dos hermanos siendo él el de la mitad, sus papas eran abogados pero solo vivía con su mamá, no se si por problemas o trabajo el papá no estaba con ellos.

Es alto, ancho, muy fuerte y tenía una cara muy similar a la de un gato, ojos razgados, un poco trompudo, con una expresión felina en sus gestos, de ahí su apodo; no muy allegado de todos los vecinos cuando era joven por su comportamiento fuera de lo común, salía con algunos de los vecinos de su edad y otros menores, incluyendo mi hermano. Conocido además por lo ya mencionado, su gusto por estar peleando con todo el que se le cruzara, le hiciera algún gesto o solamente lo quedara viendo, le dió una reputación de "pelión", como le dicen en el barrio, lo cual hizo que solo pudiera estudiar en el Ciudad de Pasto (CCP) hasta los 17 años cuando, por sus constantes problemas de convivencia, se le vino encima otro que empeoró su vida dejandola a un paso de no valer nada; se metió de fondo al mundo del alcohol que lo alejó del todo del estudio a finales del 90.

A sus 20 años, debido a sus problemas con el licor y a las peleas, los vecinos comenzaron a alejarse de el, no solamente por la amenaza que era cuando estaba tomado, sino que trataron de hacerlo recapacitar con ayudas para terápias esperando que se diera cuenta de en lo que se estaba convirtiendo que despues de poco se convirtió en un esfuerzo nulo para su rehabilitación.

Después de unos meses "el gato" quizo enmendar tantos errores cometidos, viendo que hasta su familia estaba dejandolo a un lado, lo que hizo que se fuera a una rehabilitación en Tangua, la primera de muchas más, retirándose definitivamente del estudio en el mismo año.

Luego de unos meses volvió a su casa donde comenzó una vida nueva, la cual no duraría mucho ya que su problema se convertiría en una enfermedad más tarde cuando además del licor también consumiera drogas por varios años apartandolo de un futuro mejor.

Esto lo vio obligado a irse de la casa, alejándose de su familia y sus amigos, lo cual lo apartó de los días del barrio. Cuando su mamá murió de cáncer, hace ya algunos años, el "gato" tuvo una decaída muy fuerte, llegó desde casi las 6:oo a.m gritando, llorando, con palabras casi inentendibles, ahogandose en licor se lo veía en las calles del barrio haciendo escándalo a toda hora del día, tal cual como me lo encontré en estos días. Creo que no se llama a la policía por la historia que tiene y claro, por que es un vecino más.

El 80% de los estudiantes en Colombia han consumido licor, hasta un 46% consumen tabaco y hasta el 10% de los estudiantes están consumiendo drogas ilícitas.

Todos en el barrio saben que es un problema más que todo de falta de compresión, ya que dicen que la única que entendía su forma de ser era su mamá, y que si ella estuviera viviendo junto a él las cosas podrían ser un poco distintas pudiendo notar el sentimiento de trizteza que se tiene al hablar de la historia de este individuo, una historia que a ninguna familia le gustaría vivir.